De cuando era un himno autobiográfico,
recuperado…
Miro mis manos y me asombran, otra vez todo cambia, y sin desearlo parece que persigo un fantasma, una herida mal cosida e irritada de usar tanto yodo para cerrarla.
No hay una sola persona en este mundo que supere su propia nostalgia, amor dolor añoranza; y como un lazo invisible te sigue por la espalda para hacerte tropezar recordar de dónde aprendiste a sobrevivir y a quién premiarás con las lecciones gravadas a sangre, a razón de heridas relamidas, escupidas su veneno queda el sodio y la sabiduría.
Para ti toda la vida, mi corazón, no olvides dar gracias a los cadáveres.